En uno de los pasillos del Mercado del Corregidor, entre colores intensos y aromas frescos, está la Frutería de José Carlos Aragón. No es un puesto grande, ni necesita serlo: aquí, lo que manda es el producto y la cercanía. Cada caja de fruta, cada racimo de uvas o pimiento recién cortado, habla de una forma de hacer las cosas donde la calidad va por delante.
La vida del puesto gira en torno a una idea muy sencilla: llevar fruta y verdura de aquí, de La Rioja, del campo a la mesa, sin rodeos. Hay huerta propia, hay proveedores locales, hay producto de temporada, y hay, sobre todo, mucho conocimiento detrás. Porque en este puesto no solo se vende, se aconseja, se comparte, se escucha.
El verano es el momento fuerte, cuando todo rebosa color y variedad: tomates, melocotones, calabacines, cerezas… todo en su punto justo. En invierno la oferta es más tranquila, más sobria, pero igual de cuidada. Lo importante es que nunca falte producto bueno, y que quien venga sepa que lo que se lleva es de confianza.
Entre sus especialidades destacan las frutas y hortalizas de la zona, caracoles, legumbres riojanas, ajos de siembra de Las Pedroñeras y frutos secos de la Reserva de la Biosfera de Santa Engracia. Todo elegido con criterio, todo con sabor.
El puesto lo llevan con mimo y con trato de los de antes. Aquí se conoce al cliente por su nombre, se recuerda qué manzanas le gustan, o qué tipo de lechuga prefiere. No es solo una frutería: es un punto de encuentro, de conversación, de barrio.
Aquí te espera fruta con sabor real, de esa que no necesita etiquetas para convencerte.